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jueves, 5 de mayo de 2016

EL VUELO DE LA IZQUIERDA. DE MARAT, A MARX, A GRAMSCI



El vuelo de la izquierda
Aquí comenzó el vuelo de la izquierda. Toma de la Bastilla, 1789,
capítulo inicial de la Revolución Francesa. Representación watercolor
por  Jean-Pierre Hoüel. Biblioteca Nacional de Francia.


Por Antonio Ramos Z.




Todo vale



¿Nueva izquierda? No la del libertario Wright Mills. Léase izquierda postmoderna del siglo XXI, del postcomunismo y el globalismo, muy chic, sin la hoz y el martillo, cambia casaca, a veces izquierda de derechas, o arrebatada ultraizquierda traumada y nostálgica. Una izquierda que, tras la caída del muro de Berlín, perdió el puesto  de mando, pero no su peso y su platea.

   Al izquierdista se le llama “progre” (progresista), y en Estados Unidos son los “liberales”, en su mayoría afiliados al partido demócrata, el filósofo Noam Chomsky es su gurú ilustrado. Pero un teólogo de la liberación, que no mata ni una mosca, puede autocalificarse de izquierda (el cura Frei Betto, un enamorado de Fidel Castro). Se dan casos curiosos: Einstein abogaba por el socialismo, a lo sionista. Tenemos a Obama, presidente del llamado “imperio norteamericano”, con un curriculum de izquierda, en este momento criticado por los dos bandos, liberales de categoría como David Rieff, y por Thomas Sowell, reconocido economista afroamericano de derecha. Un caso siquiátrico es el Hollywood “políticamente correcto”, con sus millonarios adictos a los dictadores: Sean Penn, Danny Glover, Michael Moore. ¿Analfabetismo político, narcisismo, reality show, negocio? Ya todo vale.

   La amalgama heterogénea, pero consanguínea, de antiglobalistas, anarquistas, “indignados contra Wall Street”, neocomunistas, libertarios, ambientalistas y socialistas del siglo XXI (chavistas) es con frecuencia identificada con el ala radical de la izquierda, no es del todo cierto, no existe una Izquierda estandarizada anticapitalista y pro-totalitaria, hay matices como en todo, hay izquierdistas demócratas, como Bobbio. Filosóficamente y de facto un alto cúmulo de militantes sí son fans antisistema y contraculturales: todos comparten ideales sectarios y nihilistas, anticapitalistas, antifascistas, chovinistas, socialistas, maoístas y comunistas.

   La izquierda como tal se considera la depositaria innata del bien social y de la salvación de los pobres, heraldo de lo nuevo (“Nouveau régime”, como acuñaron los revolucionarios franceses  de 1789) y de los cambios positivos hacia la modernidad, es la contra derecha. En este sentido, la derecha equivale a la opción conservadora, retardo, “ancien régime”, obsolescencia, desigualdad, la fuente del mal, de la explotación del hombre por el hombre. Eso suena romántico, hasta que la historia defraudó a la teoría. Saint-Simon, Owens, Proudhon, Bakunin, Hegel, y los sueños de Marx y Engels (le llamaron comunismo científico) desembocaron en la ingeniería social marxista-leninista y el nacionalsocialismo fascista (Mussolini y Hitler), el mundo fue un campo de batalla, de odios irracionales y sofismas. Sigue siéndolo, pero con nuevos desafíos y métodos. La izquierda política actual es más consciente de que no es la única palanca de los cambios históricos, por tanto, han pasado a la fase de camaleón postmoderno, con nuevas tácticas, entremezclándose en el mainstream con las grandes élites políticas.

 La “utopía desarmada”: no se lo crea.

Tampoco la Izquierda es un “fósil de pensamiento” ni una “utopía desarmada”, debido al naufragio soviético, como se ha dicho. Los martillazos del 1989 no fueron en su cabeza, sino en la Guerra Fría. Mucho antes, el abrazo de Mao y Nixon había iniciado una nueva era de convergencia y “praxis” que significó un canto de cisne del viejo orden, pero no el fin de los contrarios que desde el caso Dreyfus, con Zola, dominaron la escena ideológica, izquierda versus derecha, eurocomunismo versus comunismo ortodoxo. Las antípodas, los periecos, siempre van a existir; idealismos y antítesis; pregunten a Zenón, a Kant y Hegel, a Martí y Spencer, a Marx, al fantasma de la revolución francesa, a Sartre (estalinista) y Camus (antiestalinista), a Revel (centrista), a Ortega y Gasset (liberal social), al revisionista Bernstein, a los cementerios de la guerra y las ilusiones.

   Claro que no es lo mismo un jacobino que un revolucionario de estos tiempos. Algo ha cambiado en el arte de la dominación y el disfraz. La tentación de las ideas en Occidente pasa por el libre mercado, los paraísos fiscales, los derechos humanos, y por el filtro de la democracia, por los requerimientos del victorioso Nuevo Orden. ¿Qué es eso? Que manda el capitalismo tecnocrático global, la ideología del patrón y el “mundo feliz” hedonista (cirenaicos, epicúreos y los espectros liberales), en lugar de la utopía guerrillera y las máculas sistémicas totalitarias (fascismo, nazismo y comunismo). Sería una locura resucitar el programa de Gotha y al Che Guevara (violencia), cuando es más atractivo disfrutar del nuevo ethos: el utilitarismo y el consumo, el seguro de desempleo, la “sociedad abierta” de George Soros, ser académico bien pagado, la civilización del espectáculo, la crematística de la imagen y el juego del poder, basado en el arte de ganar la votación de los televidentes ilusos.

Opciones: izquierda Light, tercera vía y caballo de Troya

Las nuevas reglas proscriben los excesos. En gran parte de la Unión Europea nadie querría demoler el llamado “capitalismo popular” o “del bienestar”, por ejemplo el modelo socialista sueco. En muchos países europeos gobierna la izquierda, pero ¿qué izquierda? Una socialdemocracia funcional antidogmática que ve normal la alternancia de poder y la coexistencia de clases. La poderosa Alemania es centrista, con inclinación a la derecha debido a la crisis de la emigración musulmana. En Inglaterra se dio el caso de Tony Blair, laborista de izquierda, que gobernó con patrones de derecha. Europa es sin duda el reinado de la izquierda Light, cualitativa, benefactora, neutral, no hostil al capitalismo (euroizquierda de terciopelo). Casos aparte son Italia, España, Grecia, Portugal, con sus izquierdas atrofiadas y demagogas. En los expaíses el bloque soviético, especialmente Polonia, Hungría y la República Checa el capitalismo se ve con buenos ojos. Rusia prefiere a Putin que a Alexander Solzhenitsyn. América Latina mantiene los anacronismos de la mentalidad anticapitalista clásica, plagada de castrismo,  neomaoísmo y politiquería y, excepto Chile, repele el liberalismo que encarnan Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner, seguidores de Hayek, Friedman y Popper.

   En España, la izquierda como la derecha respetan la alternancia de poder, pero ¿qué pasa cuando el mal gobierno y la corrupción deprimen la economía y golpean al ciudadano? Surgen los promotores de milagros. Actualmente una tercera vía, de pretensiones socialistas radicales y propensión separatista, entró al juego. Enarbola soluciones visionarias comparables al despatarrado chavismo venezolano. En un contexto político tan complejo como el español, la discordancia sería anómala si la ambición de poder y el populismo ultra reformista (con dosis marxista) echara por tierra el consenso pluripartidista. ¿Qué significa esto? Que en política sigue vigente el manejo de cualquier mensaje ideológico en la búsqueda del poder.

No obstante, es inimaginable que los españoles se dejen implantar el chavismo catalán (caballo de Troya). Aquí llama la atención que dos izquierdas se enfrentan, una tradicionalista decadente (Zapatero) y otra radical, símbolo oportunista de la innovación  progre: Pablo Iglesias contra la política rancia. Por ahora la derecha gobierna, el Partido Popular (PP), y parece claro que ninguna persona razonable quiere la vuelta al franquismo, ni la confrontación, menos desmembrar a España. El partido socialista español (PSOE), que le ha sacado sus buenas lascas a la democracia, sería el primero en bloquear  las aspiraciones de un falso redentor futurista, estilo tercer mundo. Hay que añadir que aunque gobierne la derecha, no significa que España sea un país democrático de derecha. Pareciera que es una democracia abierta y estatista, pero lo cierto es que el socialismo, esté o no en el poder, controla las riendas de una monstruosa burocracia, así como la cultura, la educación y los medios de comunicación masivos (el llamado “cuarto poder”, la prensa y la TV), a la vez que intenta controlar el “quinto poder”, el Internet.  

Decadencia en el bastión de las luces

En muchos países europeos, principalmente en Francia, actualmente gobernada por el socialista Francois Hollande, la izquierda es una fuerza política imponente. Desde la revolución francesa proyectó una identidad intelectual, republicana y antiburguesa, entronizada hasta los huesos en la sociedad francesa. La cultura francesa, irradiada desde el siglo de las luces, izquierdisada en la Bastilla y grandiosamente representada: Diderot, Voltaire, Rousseau, Descartes, Tocqueville, culmina en plena Guerra Fría con la promoción de una élite especialista, la “divine gauche”, antifascista, existencialista y marxista, que generó el paradigma del “intelectual comprometido”: Sartre, Camus, Simone de Beauvoir, Picasso, Paul Eluard, Althusser, Jacques Lacan, Marcuse, Foucault, muchos otros.

   Los acontecimientos del Mayo francés (1968) y la era del presidente izquierdista Miterrand (1981-1995) expandió su mística e influencia, paralelo al revisionismo y a una implosión de desilusiones y deserciones, como la de Camus y Furet; surgieron nuevas voces, la “nueva filosofía” con Marx ausente o criticado (Bernard-Henry Lévy, Andre Glucksman, Alain Finkielkraut, Onfray). Los procesos estalinistas y el fin de la URSS cuestionaron el izquierdismo, al igual que hoy se le descalifica por su silencio en el tema de las agresiones islámicas. El desencanto y las deserciones en varios países fueron un escándalo desmoralizador (Se les fue Orwell, Unamuno, Koestler, Ignazio Silone, Costa Gavras, André Gide, David Mamet, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Semprún, Ravines, León Blum, Hitchens, Amis, E. P. Thompson, Gorvachov, etc.)

   También la intelectualidad francesa de derecha (digamos mejor, pensamiento alternativo y pragmático) tiene sus vacas sagradas: Raymond Aron, Jean-Francois Revel, Francois Mauriac, André Malraux, Simone Weil, Alain Touraine.

   Un caso conflictivo en la izquierda es el intelectual Régis Debray. Este exguerrillero de las filas de Che es ahora un opositor del sistema cultural francés regido por el “poder oculto” de la izquierda política, además de pronosticar “el fin de los intelectuales”, por estar más preocupados en figurar (venta de imagen, y regalías) que en pensar.

Italia, la meca del marxismo a lo Gramsci

Precisamente Debray, en su libro El poder intelectual en Francia, editado en 1979, revela la maquinaria que rige los interiores de la cultura francesa, el “poder oculto” de la izquierda, desde la imprenta a la acción mediática y política, el control educativo, de las universidades y la infiltración en el aparato estatal y los sindicatos. Esta preponderancia en cotos de influencia de la sociedad civil mantiene viva su solvencia ideológica, contra viento y marea.

   El marxismo, por estos canales, también respira en las universidades y centros de la inteligencia (think tank) de los Estados Unidos, influyendo de manera sistemática y corrosiva en las bases del establishment. En la actualidad un socialista, el senador Bernie Sanders, ¡de 74 años!, precandidato demócrata para las próximas elecciones presidenciales, es todo un ídolo de la juventud norteamericana. En este país, el socialismo libertario y la nueva izquierda de Wright Mills no son del todo concordantes con el marxismo original, pero manejan muy bien esa tenaza sarcástica de lo políticamente correcto, que tanto recuerda la represión verbal comunista.   

   Italia es la mejor prueba del triunfo del socialismo evolutivo, mediático, viral, de sutil escalada en los mandos de gobierno, la mentalidad de las masas y la sociedad civil, gracias al influjo del filósofo Antonio Gramsci (1891-1937), uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, en 1921, llamado el “marxista de las superestructuras”. Sin descartar la propuesta marxista-leninista de la toma del poder a la fuerza, la opción revolución de Octubre, Gramsci plantea la importancia de la “hegemonía” cultural y del dominio de las instituciones de la sociedad civil como fuente de poder. Este aporte presupone controlar las instituciones civiles, religiosas, el sistema educativo y los medios de comunicación, hasta conseguir el predominio de todo el sistema (la dirección intelectual y política de la sociedad, hiper politización de la cultura). No sé por qué el filósofo italiano Norberto Bobbio ve estos conceptos distantes de Marx, son más bien la continuación. El gramscismo, su versión autoritaria, es hoy un fenómeno en expansión dondequiera que la izquierda marxista impera como conciencia cultural y tribuna crítica. Es el momento de Gramsci, no de Marx (1). Este tipo de poder omnisciente, de virulenta parcialidad, te puede fusilar sin balas, si no eres “políticamente correcto”, como bien expone el escritor Armando de Armas en sendos escritos: “Del totalitarismo marxista al autoritarismo gramsciano” (2) y “La dictadura del fusilamiento virtual”(3).

   Pero, ¿de dónde sale este recurso de pensamiento? Antes que Gramsci, desde la década de 1890, habían surgido variantes ideológicas, apartadas del marxismo puro, que ofrecían alcanzar el socialismo mediante la “evolución” pacífica y el activismo político, sin necesidad de la revolución violenta. Estas ideas, llamadas revisionistas y atacadas por el comunismo ortodoxo, se debieron a dos pensadores, el alemán Eduard Bernstein y el socialista internacionalista francés Jean Jaurés, fundador del periódico L’ Humanité, en 1904, el primero de ellos considerado el teórico de la moderna socialdemocracia europea. Estos reformistas y sus epٕígonos fueron sin duda una barrera a la expansión del totalitarismo intelectual. No sé hasta qué fueron nutrientes del virus Gramsci. Tampoco es atrevido decir que la Italia intelectual ha copiado los males de la izquierda francesa, la tesis eurocomunista de Enrico Berlinguer y el estilo del editor y conspirador Feltrinelli.

   ¿Cómo se manifiesta Gramsci en la sociedad italiana, qué pasa si profesas una ideología alternativa, no socialista? El escritor Carlos Carralero, radicado en ese país, habla de su su experiencia: 

   “Finalizada la segunda guerra mundial, al devenir Italia en república, se crearon a mi juicio dos poderes, uno horizontal y otro vertical. El menos visible, el horizontal extendió sus raíces burocráticas en la base. El poder vertical por muchos años estuvo en manos de la Democracia Cristiana. Los comunistas también son una fuerza electoral considerable. El horizontal, aunque nominalmente con menos poder aparente, ha marcado la sociedad italiana: Ayuntamiento, Prefectura, sistema público de instrucción, correo, transporte público y otras instituciones, este es el territorio de la izquierda parasitaria, controlan con arrogancia la cultura, muchas parcelas de la sociedad civil, como si copiaran el pensamiento de Gramsci, revolución desde abajo, sociedad de funcionarios culturales y corrupción, comunismo vulgar… Este poder de las instituciones paralelas ha sido grande. Ha podido hacer y deshacer a su antojo… En Italia las cosas van peor porque no existe una pura socialdemocracia, ni tampoco una verdadera derecha; una derecha con pasión política. Igual que en muchas partes del mundo, industriales, banqueros, artistas de cine, que no renunciarían ni compartirían jamás su riqueza, se declaran de izquierda y arremeten contra quien se declare de derecha, una contradicción enorme, su lógica es de inquisición revolucionaria, autoritaria, se opusieron a la cultura alternativa propugnada por el movimiento Segundo Renacimiento creado por Verdiglione”. (Entrevista a Carlos Carralero, parcialmente publicada) (4).

El aterrizaje forzoso

El vuelo de la izquierda ha sido azaroso, pero revolucionario, utópico y perifrástico, larga y batalladora marcha para “tomar el cielo por asalto” y cambiar la historia. El vuelo del cambio prepotente, de Marat a Zola, de Marx a Lenin y Mao, pasando por la revolución bolchevique de 1917, la larga marcha de Yenán y la mística del poder proletario; el vuelo del pathos y el logos, sin Dios, sin lágrimas, razón y muerte, hasta “las moscas” de Sartre y las purgas de Stalin; cultura del compromiso, del poder eterno, de la guerra justificada; el vuelo con versos comunales, teorías obligatorias y falsos cantos de sirena, políticamente correctos. Ese vuelo hasta el culmen del giro inesperado, en la renovación del tiempo, en la Perestroika sorprendente y la caída del muro; vuelo con sus viajeros fieles, sus disidentes y antihéroes, con sus idealistas y tiranos, con su opio rojo promisorio y su entretenimiento ideológico exhausto. Un aterrizaje forzoso con la nave de los locos rota y sus tripulantes amotinados. El pensamiento viejo fulminado por la industria, la tecnología, la ciencia, la apoplejía teórica, la libertad, la despolarización, los errores de cálculo, las nuevas realidades y filosofías. Un aterrizaje  en medio del nuevo espectáculo capitalista. Una parada, no el fin de la historia. No todo es pasado imperfecto. Hay una izquierda empática gobernante que convive con reyes: el capitalismo social nórdico, Suecia, Dinamarca,  Noruega, Islandia, Finlandia, países del bienestar y la providencia, con los más altos índices mundiales de calidad de vida, transparencia y libertad; de Noruega se dice que es el único verdadero socialismo del siglo XXI. El zoon politikón  no se detiene. La nueva izquierda se capitaliza como los comunistas chinos, por si acaso fuma la pipa de la paz, todavía le queda Gramsci y Maquiavelo.  

 Notas

  1. Peter D. Thomas. “The Gramscian Moment: Philosophy, Hegemony and Marxism”. Brill, 2009.
  2. Armando de Armas. “Del totalitarismo marxista al autoritarismo gramsciano” , en: NeoClub Press,  http://neoclubpress.com/del-totalitarismo-marxista-al-autoritarismo-gramsciano-0430789.html
  3. Armando de Armas. “La dictadura del fusilamiento virtual”, en: Patria de Martí, https://patriademarti.com/articulos-y-ensayos/540-la-dictadura-del-fusilamiento-virtual
  4. Antonio Ramos Zúñiga. “Verdiglione, el otro Josef K. Conversando con Carlos Carralero”, en: NeoClub Press, http://neoclubpress.com/verdiglione-el-otro-josef-k-conversando-con-carlos-carralero-0240448.html
    A. Ramos Z.
    Escribiendo en Mismaloya, México.
    Mayo, 2016
Ver la versión publicada en este link:
http://neoclubpress.com/el-vuelo-de-la-izquierda-0541383.html.



Nota
Este es el primero de 4 escritos:
El vuelo de la Izquierda,
El vuelo de la Derecha,
El Vuelo de la Locura (Las ideologías contraculturales en el postmodernismo). 
Reflexionando a Erasmus (los nuevos locos). 

 FOTOS DEL VUELO DE LA IZQUIERDA


















Representación del comunismo, con sus líderes:  el judío aleman Karl Marx, el prusiano
Fiedrich Engel y el ruso Vladimir I. Lenin. Ninguno era de la clase obrera.


El jefe de la revolución bolchevique contra el Zar, Lenin y su sucesor Stalin
 (a su derecha). Stalin fue la gran figura del totalitarismo soviético.









Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre en Beijing, China,
1955. Ambos apoyaron el stalinismo, el maoísmo y el
castrismo.







Fiesta comunista. Diseño por Tom Burns.
 Se hizo popular en las camisetas vendidas en el
capitalismo tras la caída del muro en 1989. El comunismo
se vuelve mercancía, otra de la ironías de la historia.






martes, 5 de enero de 2016

LIBERTAD, FREEDOM, QUÉ COSA ES ESO? parte I

Libertad, del latín libertas, Freedom en inglés, cuya raíz indoeuropea significa "amar". Ese es el anverso, el reverso es miedo. A veces es el imposible, la utopía, la ofrenda, la ilusión, la inspiración lunática. En filosofía se asocia a la teleología (dígase metafísica, que es casi lo mismo): la causa final. En el zoo humano es opcional y relativista, ni siquiera la libertad de información es totalmente libre, y gran parte de la especie humana nace con cadenas invisibles. Si naces en una tiranía te jodiste.

Libertad. Me  fastidia que atosiguen a la humanidad con esa palabra, bella, celestial, sacrificada, compleja, mítica, dicen que por la libertad el hombre ha realizado grandes hazañas. Eso tiene que verse... Lo dejo para la segunda parte, que es cuando va a arder Troya.

Libertad, suena a sinfonía maravillosa, a Adagio, a Chariots of fire.  Pudiera ser la palabra más bella del mundo, si no existiera otra imprescindible: amor. Y pudiera ser una palabra pura y sublime si no existieran los políticos y el oficio ideológico. En Aristóteles, Rousseau, Popper, y en "Las Moscas" de Sartre luce bien, porque es bonito eso de que nacemos libres, hasta que nos ponen cadenas (sean grilletes, leyes, sistemas, sentencias). Por libertad se entienden muchas de las cuestiones relacionadas con el bien y el mal y con los derechos humanos y civiles, pero hay quien dice que se siente libre bajo una tiranía o libre interiormente aunque esté preso en un campo de concentración nazi o en un gulap soviético, y para algunos una democracia no significa necesariamente un estátus de libertad, y estoy de acuerdo. El capitalismo, ni el comunismo, ni las religiones son liberadoras, lo liberador es... romper con ciertas cadenas, mentales, políticas, urbanas, mitológicas, sobre todo con las cadenas invisibles (Ver Parte II), y no dejarse pisotear por un poder que depende de nosotros.

La libertad no existe para un analfabeto, y parece que no existe para quienes desean abarcar más de lo que está reglamentado por el estado o la autoridad. Es el caso de la acracia, el ideal de quienes aspiran a suprimir todas las ataduras. Esa palabra por sí sola es un delito antisocial, como la libertad es un delito si la ejerces políticamente para deshacerte de un mal gobierno. Pero la libertad en política es otra cosa, una enfermedad más infecciosa que el sida, que requiere una cura de caballo e involucra a cuanta marioneta se preste al juego. También me pregunto hasta qué punto un exiliado, un inmigrante indocumentado, un soldado, un indio neolítico del Amazonas, un perro y un gato caseros, domesticados, son libres. Destaco la palabra "domesticados", por ser reveladora y pedagógica, dice mucho.

Un ciudadano común, en su propio país, sea en Estados Unidos, España, México o Suecia, tampoco es libre (No menciono a los países totalitarios donde la libertad es suprimida por decreto o por directivas religiosas). El ciudadano común, en países como los Estados Unidos y en las democracias europeas avanzadas, obviamente, tiene derechos y prerrogativas que hacen más tangible la ilusión de la libertad plena y funcional, aunque reconozcan la creciente intervención del estado en su privacidad y desenvolvimiento público.

Leyendo a Franzen es que encuentro un sentido más humano de la palabra Libertad, despolitizada y convertida en inspiración, en modo de vivir. La libertad de la conciencia personal, la íntima, que evoluciona sin el determinismo del estado de la mente social (el marco sociológico). Por ejemplo, esa libertad que te lo da y te lo quita todo, según tus propias circunstancias y decisiones. Más allá del mal, la libertad se sumerge en uno mismo como sugestión, no hay que drogarse para estar embriagado de la vida y elegir entre multiples opciones, incluyendo la mala, la estrafalaria o la "levedad del ser". Uno en definitiva es libre  a su manera, aunque conozca las implicaciones de serlo donde la libertad formal es restringida. Los que conocemos el totalitarismo sabemos que nuestra libertad solo nos permite rebelarnos detrás de la puerta, hablando bajito, o en su lugar, sumándote al fragor de la lucha abierta !por la libertad! con los riesgos que entraña el desafío.

Para el Nuevo Ciudadano  (título de mi próxima novela), que no es más que una burbuja de idealismo, entre el pasado y el presente (esta es una época Puente entre dos milenios), la libertad solo pudiera provenir de sus añoranzas y de una nueva utopía explícitamente humanista, un romanticismo introvertido que choca con el realismo hedonista actual y el Nuevo Realismo alemán. El arte ya lo ha plasmado en la vía láctea del surrealismo y en los escritos existencialistas, pero en esencia, en mil años,  los ciudadanos comunes, la muchedumbre, la mayoría, no han dejado de ser la base de una misteriosa pirámide con un ojo panóptico. La libertad es más que un claustro de conceptos y derechos, su belleza se debe a que seguimos intentando rescatarla de la mediocridad y de la manipulación porque la necesitamos, al menos para imaginarnos que el mundo es más apetitoso sin cadenas. Pero las cadenas invisibles están ahí, hay que romperlas...  !Libérate!


"Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír."
George Orwell


Mi Opinión

La libertad no existe,
mientras haya alguna  dictadura sobre la tierra y un
solo hombre que no pueda expresarse  libremente.
Tampoco existe hasta que los pueblos sean felices
con una verdadera justicia social basada
 en el bien de todos.
Libertad es la felicidad liberada y la
justicia del bien.
Solo así la libertad existe.

ARamosZ, blogger

Einstein y Tagore hasta cierto punto coincidieron: la libertad existe,
 pero tiene sus matices,a veces contradictorios.
Religión y Ciencia la ven de distinta manera.





Eso suena muy bien, pero nos haría libres solo
si la encontramos. Con buscarla no es suficiente.
El sentir de que eres libre no suprime las
cadenas. Hay una libertad total que debe
ser el triunfo de la libertad sobre el avasallamiento:
la libertad real, no solo la de la conciencia.


VER LA SEGUNDA PARTE:
El Nuevo Ciudadano

Ni quiero solo imaginarme los molinos de viento,
quiero apropiarme de ellos...

No quiero seguir en mi actual estado en esta ciudad de
cucarachas hostiles, mientras vago hacia mí mismo.

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FREEDOM


1 min ·

AT LAST FREEDOM  IS A FREE WORD  (Read Jonathan Franzen). NOT AN ORWELLIAN STATE OF MIND. I THINK WE MUST EXPORT SUCH WORD OVER THE WORLD.   WE ARE THE NEW SOCIAL WRITERS.

La libertad ha de ser más que una palabra de discurso, o una necesidad. Debe ser libre en sí misma, arma de la conciencia, y quitársela a los políticos, que la usan para mentir y oprimir con ella. Nunca eres libre si te aceptas como un ciudadano obediente a las formas de la opresión, incluyendo la influencia de los medios. Lean mi próximo artículos “Los Nuevos Monstruos”,  y mi próxima novela “El Nuevo Ciudadano”. Sea hostil a los opresores, hágase valer.
  La democracia nos necesita humanistas.
Nuevo realismo/New Realism
ARZ